24 HORAS DE VIDA, VUELOS SANITARIOS Y UN HOSPITAL QUE RESPONDE ANTE LA URGENCIA

Monte Grande, 2 de julio de 2026 - El HBEE resolvió con éxito una hemorragia subaracnoidea de mal grado, un cuadro sumamente complejo en el que solo 1 de cada 10 personas logran sobrevivir.

Cuando Walter llegó al Hospital de Alta Complejidad del Bicentenario Esteban Echeverría (HBEE), el panorama era crítico. El vuelo sanitario debió recorrer casi 300 km para llegar desde Junín hasta la institución, ya que el cuadro era una hemorragia subaracnoidea de mal grado, una de las emergencias neurológicas más graves, asociada a índices de mortalidad elevados y a un casi inevitable sinfín de secuelas. El sangrado era considerable, comprometía seriamente su estado de salud y obligó a actuar con premura desde el minuto cero.

Para su familia, aquellas primeras horas fueron difíciles de asimilar. Las noticias que recibieron fueron devastadoras y el pronóstico aparecía rodeado de incertidumbre, con una mayor inclinación hacia un desenlace negativo. “En un principio nos dijeron 24 horas de vida”, recuerdan su pareja y su hermano. Sin embargo, al abandonar el centro donde recibió la atención inicial y arribar a la ciudad de Monte Grande, entre todas las explicaciones médicas asomó un dato al que decidieron aferrarse: existía una posibilidad de supervivencia. Baja, pero existía. Lejos de interpretarlo como una condena, eligieron convertirlo en una esperanza. “Las camisetas con el 10% son porque esas eran las probabilidades de sobrevivir. Pero, en realidad, eso era un montón porque al principio nos habían dicho 24 horas de vida. Ese porcentaje era un 100 para nosotros”, subrayaron.

Apenas ingresó al nosocomio, Walter fue sometido a una embolización para tratar la lesión responsable de la hemorragia. A partir de allí comenzó un proceso complejo que involucró el trabajo coordinado de numerosos profesionales y servicios. Neurocirugía, Terapia Intensiva, Neurología, Enfermería, Kinesiología, Trabajo Social y Musicoterapia formaron parte de un abordaje integral que comenzó a finales de enero y aún continúa con estudios para mantener el bienestar logrado.

La Dra. Yamileth Romero, integrante del equipo tratante, explicó la gravedad del cuadro: “Llegó con una hemorragia subaracnoidea de mal grado y mucho sangrado. Era una situación muy comprometida que requirió múltiples estudios, procedimientos e intervenciones desde el minuto uno”. Por eso, la evolución posterior llamó la atención incluso entre quienes están habituados a tratar este tipo de patologías. “Si uno se basa en la literatura, la mortalidad en estos cuadros es significativa y las complicaciones suelen ser frecuentes. En este caso fue impresionante la velocidad de la recuperación. Prácticamente pasó de estar internado en terapia intensiva a iniciar su rehabilitación”, ponderó.

Mientras los equipos trabajaban para estabilizarlo y prevenir complicaciones, la familia atravesaba días de espera eternos. Cada paso adelante, por pequeño que fuera, representaba una noticia alentadora. Los profesionales les habían explicado que las primeras semanas serían decisivas y que el riesgo continuaba siendo muy alto. Sin embargo, la recuperación comenzó a mostrar señales mucho antes de lo previsto: “Nos dijeron que los 21 primeros días eran los más difíciles y resulta que Walter, a los 18, se despertó. Nadie podía creerlo. Al segundo día ya hablaba y comía”, destacó la familia. Ese abrir de ojos marcó un punto de inflexión. Lo que hasta entonces había sido una lucha por la supervivencia comenzó a transformarse en un proceso de recuperación. La respuesta neurológica favorable permitió avanzar rápidamente hacia una nueva etapa, centrada en la rehabilitación y en la recuperación de funciones.

Para la familia, además de la atención médica, hubo otro aspecto que resultó fundamental: el acompañamiento humano recibido durante toda la internación. Llegaron al Hospital sin saber nada del mismo y atravesando una situación límite. Sin embargo, encontraron un equipo dispuesto a acompañarlos, contenerlos y responder cada una de sus dudas. “No lo conocíamos y cuando llegamos nos encontramos con un panorama totalmente distinto. Todos muy predispuestos. Hay que sacarse el sombrero”.

La comunicación fue uno de los elementos más valorados. En contextos de alta complejidad, comprender qué está ocurriendo puede resultar tan importante como el tratamiento mismo. Por eso, la familia destaca la claridad con la que recibió la información durante todo el proceso: “Siempre nos hablaron en un lenguaje que podíamos entender y que nos ayudaba a tranquilizarnos. Siempre nos explicaron bien claro todo”.

Su historia constituye un ejemplo de cómo la atención, el trabajo interdisciplinario y el acompañamiento permanente pueden marcar una diferencia en situaciones de extrema complejidad. También refleja la importancia de la intervención inmediata y de la articulación entre distintas áreas para brindar una respuesta centrada en cada paciente.

Meses después de aquel ingreso de urgencia que parecía dejar poco margen para la esperanza, Walter continúa avanzando en su recuperación. Su historia es la de una evolución que desafió los pronósticos, la de una familia que nunca dejó de creer y la del equipo del HBEE que trabajó -como es costumbre- de manera coordinada para ofrecer la mejor atención posible en cada etapa del camino.

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