El Hospital de Alta Complejidad del Bicentenario Esteban Echeverría (HBEE) concretó con éxito una cirugía vascular de alta complejidad en un paciente con diagnóstico de estenosis carotídea izquierda sintomática, una patología que implica un estrechamiento significativo de una de las principales arterias que irrigan el cerebro y que se asocia a un elevado riesgo de eventos neurológicos. El paciente había presentado meses atrás un accidente cerebrovascular (ACV) isquémico, antecedente que motivó una evaluación integral y la indicación de tratamiento quirúrgico como medida preventiva.
El procedimiento realizado fue una endarterectomía carotídea, una intervención quirúrgica ampliamente validada en el manejo de este tipo de patologías. La cirugía consiste en acceder a la arteria carótida interna afectada, identificar la placa de ateroma responsable de la obstrucción y retirarla cuidadosamente, restaurando el calibre normal del vaso y optimizando el flujo sanguíneo hacia el cerebro. Este tipo de placas, formadas por depósitos de grasa, colesterol y tejido fibroso, pueden desprenderse y generar émbolos que ocasionen nuevos ACV.
El porqué de la endarterectomía carotídea se fundamenta en criterios clínicos y quirúrgicos precisos. En pacientes que presentan estenosis carotídea significativa asociada a síntomas neurológicos previos, como un ACV isquémico, esta intervención se considera la opción más adecuada para prevenir futuras complicaciones, especialmente la recurrencia de eventos cerebrovasculares. Diversos estudios demostraron que, cuando la placa se elimina de manera completa y segura, la tasa de ACV de origen embólico disminuye de forma considerable.
Durante la intervención se utilizó la técnica quirúrgica habitual para este tipo de cirugías, que incluyó la colocación de un shunt carotídeo. Este dispositivo actúa como una suerte de “puente” temporario entre la carótida común y la carótida interna distal, permitiendo mantener una adecuada irrigación cerebral mientras se realiza la limpieza del vaso afectado. El uso del shunt resulta clave para proteger la función neurológica durante el procedimiento y asegurar que el cerebro reciba flujo sanguíneo continuo a lo largo de toda la cirugía.
El abordaje interdisciplinario es un factor clave en este tipo de prácticas de alta complejidad. La articulación entre los equipos de Cirugía Vascular, Anestesia, Enfermería y demás áreas asistenciales permite un monitoreo riguroso del paciente en todas las etapas del proceso. Este seguimiento exhaustivo comienza en la evaluación prequirúrgica, continúa durante el acto operatorio en sí y se extiende al período posoperatorio inmediato, con el objetivo de garantizar seguridad, detectar de manera precoz cualquier anomalía y optimizar los resultados clínicos.
En relación con la recuperación, el paciente ingresa en el posoperatorio inmediato a la Unidad de Cuidados Intensivos, donde permanece bajo observación estricta durante las primeras 24 horas. Superada esta etapa y en ausencia de complicaciones, el seguimiento continúa en una sala de cuidados generales. Habitualmente, el alta hospitalaria puede indicarse entre las 48 y 72 horas, con controles posteriores de forma ambulatoria y pautas específicas para el retorno progresivo a las actividades habituales.
La realización de este tipo de cirugías reafirma el rol del HBEE como estandarte en torno al abordaje integral de patologías complejas, con equipos profesionales sumamente capacitados, tecnología de punta y una mirada siempre enfocada en la prevención, la seguridad del paciente y la calidad de la atención.