En la dinámica cotidiana de un nosocomio de tercer nivel, miles de datos clínicos circulan de manera constante. Entre ellos, algunos adquieren una relevancia particular: los valores críticos. Se trata de resultados de laboratorio que se encuentran fuera de los rangos normales y alertan sobre una situación potencialmente grave, requiriendo una intervención inmediata. En el Hospital de Alta Complejidad del Bicentenario Esteban Echeverría (HBEE), su correcta identificación y comunicación no solo marcan la diferencia entre una reacción temprana y una demora riesgosa, sino que representan un pilar central en los procesos de atención segura. Cuando el laboratorio detecta un valor crítico, se activa un circuito riguroso que se basa en la precisión y el tiempo de respuesta. El primer paso es la verificación del resultado, una instancia indispensable para garantizar su validez analítica antes de cualquier comunicación. Luego de la corroboración, se identifica al paciente y al profesional responsable, y el bioquímico notifica el resultado al médico con premura a través de los canales establecidos. Este proceso no es simplemente informar un número: cada comunicación queda registrada, detallando quién recibió el resultado y en qué horario, lo que permite asegurar la trazabilidad completa del proceso. A partir de allí, el equipo clínico evalúa la situación y cuál será el camino a seguir, acortando el intervalo entre la detección de una alteración grave y la intervención médica. En este contexto, la rapidez no significa actuar sin pensar y de forma intempestiva, sino la puesta en práctica de protocolos claros, roles definidos y una cultura institucional que comprende el peso de que cada minuto puede ser determinante. La comunicación entre profesionales se convierte así en una herramienta clínica en sí misma. Evitar ambigüedades, transmitir la información de manera directa y confirmar su correcta recepción son prácticas esenciales para reducir errores, prevenir demoras y garantizar que el dato crítico se traduzca en una decisión adecuada. Mecanismos como el read-back refuerzan la confiabilidad del proceso y consolidan un circuito seguro y trazable de principio a fin. Resulta clave, además, distinguir entre un valor crítico y un valor de reporte inmediato. Mientras el primero implica un riesgo vital que exige una acción clínica urgente, el segundo corresponde a un resultado relevante que debe comunicarse con rapidez, aunque no necesariamente represente un peligro inminente. Ambos requieren prioridad en la comunicación, aunque con distintos niveles de alerta, y forman parte de un sistema que jerarquiza la información según su impacto clínico. En este entramado, el enfoque interdisciplinario resulta fundamental, siendo esencial que cada parte cumpla su función de manera óptima y, en simultáneo, trabaje en tándem con sus colegas. El personal de laboratorio garantiza la calidad, verificación y notificación de resultados; el equipo médico evalúa su impacto clínico y define las acciones a seguir; y enfermería colabora en la implementación de las medidas indicadas y en el seguimiento del paciente. Esta articulación fluida es la base de un proceso eficiente que garantiza una atención centrada en la persona. El reporte adecuado y efectivo de los valores críticos es un pilar de la seguridad del paciente, ya que reduce el riesgo de eventos adversos evitables, como retrasos en la atención, errores diagnósticos o la progresión de cuadros clínicos graves. Cada dato comunicado a tiempo acorta distancias entre la información y la acción, transformando un resultado de laboratorio en una chance concreta de acompañar en el cuidado. En el HBEE, este proceso se consolida como una práctica que refleja el compromiso sostenido con la seguridad del paciente, la excelencia profesional y el trabajo en equipo. La optimización de los circuitos de comunicación, la unificación de criterios de notificación y el fortalecimiento de los registros dan cuenta de un Hospital que interpreta la alta complejidad no solo en términos de tecnología disponible, sino también por la solidez de sus procedimientos y la responsabilidad con la que se gestiona la información; así, cada valor crítico comunicado de manera precisa reafirma un modelo de atención donde la coordinación, el trabajo interdisciplinario y la calidad de los procesos resultan tan determinantes como cualquier intervención médica.