El 1° de enero, el equipo del Hospital de Alta Complejidad del Bicentenario Esteban Echeverría (HBEE) recibió la solicitud de derivación urgente de un paciente que había sufrido un accidente de tránsito en moto y presentaba un traumatismo craneoencefálico grave. Tras recibir la primera atención en el Hospital Santamarina, ingresó en estado crítico y en coma, con alto riesgo de mortalidad. La decisión de trasladarlo específicamente al HBEE estuvo atravesada no solamente por el alto nivel que ostenta, sino por otro factor clave: el paciente es hijo de una enfermera de la institución, y su familia eligió la institución por la confianza en su trabajo, la experiencia profesional y la capacidad de respuesta del equipo.
Desde su ingreso, la atención requirió la participación incesante y coordinada de múltiples servicios del Hospital. Tras su llegada, se realizaron estudios de Diagnóstico por Imágenes y se procedió a la intubación del paciente, además de la colocación de un catéter de presión intracraneana para el monitoreo neurológico. Emergencia, Terapia Intensiva, Neurocirugía, Traumatología y distintas áreas de apoyo clínico y quirúrgico siguieron de cerca al joven durante toda su internación. La complejidad del caso demandó monitoreo a cada momento, evaluaciones constantes y toma de decisiones clínicas atravesadas por la versatilidad. El principal desafío estuvo dado por la gravedad del traumatismo craneoencefálico, una de las emergencias médicas más riesgosas debido al posible daño neurológico irreversible y a las complicaciones que pueden aparecer si la internación se prolonga. En este tipo de cuadros, la evolución suele ser incierta y exige un trabajo interdisciplinario sostenido. Durante toda la estadía se presentaron complicaciones esperables para este tipo de lesiones, que lograron ser sorteadas y resueltas de acuerdo con los protocolos médicos. El proceso fue lento y requirió intervenciones continuas, pero con el paso de los días comenzó a evidenciarse una evolución favorable.
Una instancia clave fue la salida de la asistencia respiratoria mecánica, ya que esta reafirmó la esperanza y brindó certeza de una mejoría notable del paciente crítico. Posteriormente, se logró retirar la cánula de traqueostomía, lo que marcó un nuevo avance en la evolución clínica. Estos pasos indican la superación progresiva de la etapa de mayor riesgo y la posibilidad de avanzar hacia una fase de recuperación más activa.
Gracias al progreso, el joven fue trasladado a una sala de internación general. El pase a piso representa un cambio sustancial en el curso de la internación: implica dejar atrás la etapa de cuidados intensivos y comenzar una nueva instancia orientada a la rehabilitación, el seguimiento clínico y la recuperación progresiva de la autonomía. La familia señaló la importancia de la intervención constante del Servicio de Salud Mental, el cual acompañó tanto al paciente como a su familia en una etapa atravesada por la incertidumbre. Esta transición sintetiza semanas de trabajo ininterrumpido por parte de equipos que acompañaron cada etapa del proceso.
El caso tuvo una dimensión particularmente significativa para el equipo de salud. Atender al hijo de una compañera implicó una responsabilidad adicional y, al mismo tiempo, reforzó el sentido de pertenencia y el compromiso profesional. Que quienes forman parte del Hospital elijan este espacio para la atención de sus propios familiares exhibe una señal concreta de confianza construida en la cotidianidad. Para el equipo que participó de la atención, esta situación implicó redoblar el cuidado en cada instancia del proceso y acompañar a la familia en un momento de incertidumbre. La evolución favorable de este paciente refleja la capacidad del Hospital para responder ante situaciones de máxima gravedad y brindar atención integral en los momentos más críticos. La comunicación entre servicios, la tecnología de punta y la experiencia del equipo permitieron sostener la atención durante todas las etapas del proceso, desde la emergencia hasta el comienzo de la recuperación.
En contextos de alta complejidad, los resultados no se miden únicamente en procedimientos o intervenciones, sino también en la capacidad de acompañar, sostener y ofrecer respuestas cuando la situación lo exige. El HBEE brindó a un adolescente una nueva oportunidad y a su familia la posibilidad de transitar este proceso con el respaldo de un equipo en el que confiaban, que estuvo a la altura y cumplió con creces las expectativas.
MADRE Y COMPAÑERA
Alejandra es enfermera en el HBEE desde hace más de cinco años. En ese tiempo vio pasar a miles de personas por los pasillos del Hospital: pacientes, familiares, historias que llegan cargadas de incertidumbre y buscan una respuesta en el trabajo cotidiano de los equipos de salud. Siempre lo hizo desde su rol de trabajadora, acompañando, asistiendo y siendo parte de ese entramado humano y profesional que sostiene la atención.
Sin embargo, antes que enfermera es madre. Y el accidente de su hijo trastocó esa posición, ubicándola esta vez, en un lugar distinto: el de quien espera, el de quien se entrega -con toda la confianza y fe del mundo- a las manos de otros. Sin aviso alguno pasó a estar del otro lado del mostrador, siendo ella y su familia quienes recibían el acompañamiento de quienes comparten con ella, día tras día, el compromiso de brindar la mejor atención posible.
En ese contexto, el Hospital se transformó en algo más que un ámbito de trabajo. Fue el espacio donde un equipo de profesionales puso en marcha todo su conocimiento, su experiencia y su capacidad de respuesta para cuidar a uno de los suyos. La empatía, la dedicación y el profesionalismo que caracterizan al HBEE fueron claves para atravesar este momento, demostrando que detrás de cada intervención existe una comunidad de trabajo que también sabe acompañar a quienes forman parte de ella.
“A todo el equipo del Hospital de Alta Complejidad del Bicentenario Esteban Echeverría:
Hoy quiero tomarme un momento para expresar, desde lo más profundo de mi corazón, mi inmenso agradecimiento a cada uno de los profesionales que forman parte de esta gran institución.
El día 31 de diciembre, mi hijo sufrió un grave accidente en moto, un politrauma que cambió en segundos la tranquilidad de nuestra vida y nos llenó de miedo e incertidumbre. Como madre, atravesé uno de los momentos más difíciles y angustiantes que puede vivir una familia.
Sin embargo, desde el primer instante en que ingresó a este hospital, mi hijo fue recibido con una atención inmediata, profesional y, sobre todo, profundamente humana. Cada médico, enfermero, camillero, personal de terapia, de guardia y cada trabajador de la salud que estuvo presente, puso no solo su conocimiento y su experiencia, sino también su corazón en cada cuidado, en cada procedimiento y en cada palabra de aliento.
Mi hijo permaneció internado aquí hasta el día de hoy, y durante todo este tiempo pude ver de cerca algo que muchas veces pasa desapercibido: la enorme vocación, la entrega y la calidad humana con la que cada uno realiza su trabajo.
Como trabajadora de esta institución, siempre supe del compromiso que existe dentro de este hospital, pero vivirlo desde el lugar de madre me permitió comprender aún más el valor inmenso que tiene cada uno de ustedes. Hoy no hablo solo como parte del equipo, sino como una mamá profundamente agradecida.
Gracias por cada gesto, por cada mirada de tranquilidad en los momentos de miedo, por cada palabra de apoyo, por cada cuidado brindado con dedicación y respeto. Gracias por no bajar nunca los brazos y por acompañarnos en un momento tan difícil.
Quiero que sepan que su trabajo no solo salva vidas, también sostiene a las familias en los momentos más vulnerables.
El HBEE no es solo un lugar de trabajo o de atención médica, es un espacio donde la vocación, el compromiso y la humanidad se encuentran cada día para cuidar a quienes más lo necesitan.
Con todo mi respeto, admiración y eterna gratitud.
Alejandra Luna, trabajadora del Hospital y mamá profundamente agradecida.”