PINTAR Y CONTAR: UN TALLER DE ARTE QUE TRANSFORMA LA INTERNACIÓN

Monte Grande, 20 de abril de 2026 – La iniciativa por parte del Equipo de Cuidados convierte cada martes en un espacio de expresión, encuentro y alivio emocional para los pacientes internados en el HBEE.

Si uno tiene la necesidad de transitar los pasillos del Hospital de Alta Complejidad del Bicentenario Esteban Echeverría (HBEE), suele encontrarse con escenarios similares: pacientes y familias acercándose a sus consultas, miembros del equipo médico resolviendo dudas y comunicando diagnósticos, entre tantas situaciones propias del ámbito. Sin embargo, si la visita a San Martín 504 se realiza un martes, ciertos colores desvían la mirada hasta del ojo más avispado. Un corazón rojo, robusto y vital, rodeando letras blancas sobre un fondo verde intenso; una mariposa que exhibe un ala celeste y la otra de un rosa intenso; una casa -o un hogar- acompañada por un roble altísimo; y muchas obras más. Estas no fueron el resultado de un taller de bellas artes ni de una tarea escolar, sino que surgieron un martes a las 9:30 de la mañana, de la mano de alguien que atraviesa una internación. Y en eso reside, quizás, el valor más trascendental: la obra existe porque quien la pintó encontró, en ese momento y en ese espacio, la posibilidad de decir algo que no pudo con palabras.

Cada martes, el Equipo de Cuidados habilita un espacio diferente dentro del Hospital. Las mesas se cubren con plásticos, aparecen los pinceles, la pintura acrílica, los lienzos, materiales para manualidades, los pacientes que pueden y quieren participar toman su asiento y comienzan a crear. No hay consignas estrictas y el horizonte es amplio. La propuesta es abierta y subjetiva: cada participante vuelca sin limitación lo que el mundo interior le pide en ese momento.

En un lienzo, una mariposa azul y rosa muestra sus alas sobre un fondo verde. En otro, un corazón es acompañado por iniciales de seres queridos. Todo pintado por manos que dejan entrever en sus muñecas la pulsera identificatoria. Eso lo que permite pensar es que los martes no se deja de ser paciente, sino que una pequeña pausa habilita jugar a ser artista.

La singularidad del taller no termina en la creación. Al finalizar cada encuentro, el pasillo se convierte por un instante en una exhibición de un museo, y los participantes presentan su obra ante el grupo. En ese acto de mostrar y explicar, algo más sucede: se intercambian fragmentos de historia de vida, recuerdos, emociones, vínculos. La obra funciona como excusa y como puerta del alma. Lo que parecía una actividad recreativa se convierte en un espacio de narración compartida, donde el arte oficia de puente entre lo íntimo y lo colectivo. La relajación y la conexión entre los asistentes son, a su vez, parte del propósito: la travesía hospitalaria puede ser extensa, exigente y emocionalmente agotadora, y espacios como este contribuyen a hacer más amena esa experiencia sin restarle seriedad al proceso de atención.

“El arte te abre horizontes. El arte te tira adelante, te libera y te ensancha el corazón. Te hace comprender tantas cosas. El arte te abre y te abre mucho, te hace comprensivo y te aligera el corazón.” Las palabras son del Papa Francisco, y resuenan con particular pertinencia en este contexto. Porque lo que ocurre en el HBEE no es, en el fondo, distinto de lo que esa máxima esboza: una forma de alivio que proviene de la experiencia estética y del encuentro humano. Del pintar y contar.

El taller de arte se inscribe dentro del abanico de prácticas que el Departamento de Cuidados Continuos despliega en el marco de la atención humanizada, una concepción del cuidado que el HBEE ha aprehendido y hecho propia, y que se vincula de manera directa con su esencia de hospital de alta complejidad. Lejos de ser un apéndice o un gesto decorativo, estas iniciativas integran la lógica asistencial desde sus raíces: reconocer a la persona como sujeto y no reducirla a su diagnóstico. En ese sentido, el taller no compite con la medicina; la completa. Una potencia a la otra, y el cruce entre ambas es lo que garantiza la mejor atención posible.

Centralizar la mirada en la persona implica un corrimiento de paradigmas: dejar de ver una cama o una patología para volver a ver a alguien con un nombre por el que lo llama su familia, una historia que lo hace ser quien es, intereses que lo movilizan y vínculos que lo acompañan. El taller de arte materializa exactamente eso. Cuando un paciente elige los colores, define el dibujo y lo comparte, está ejerciendo una forma de autonomía que la internación muchas veces deja en segundo plano. Entonces proclama, de manera concreta, que es el autor de esa obra y que esa obra es él.

La actividad se desarrolla en el hall del primer piso de San Martín 504, un espacio que recibe luz natural y ofrece una vista a la ciudad gracias a sus grandes ventanales. Ese entorno contribuye a la sensación de apertura que el taller busca generar y oficia como fuente de inspiración para los artistas. Estos se sientan en torno a una mesa larga, comparten materiales, se miran, comentan sus avances. La dimensión grupal es crucial en la propuesta: crear en compañía añade la posibilidad del reconocimiento, de ser visto haciendo algo.

Dentro del Departamento de Cuidados Continuos, el taller de arte convive con otras iniciativas que apuntan al mismo horizonte: juegos de mesa, bingos, dinámicas grupales, atención a la imagen, acompañamiento espiritual, celebraciones. Todas ellas componen un abanico de intervenciones que, articuladas entre sí y con los equipos de salud, construyen una internación más digna y más humana.

La alta complejidad que define al HBEE no se mide únicamente en tecnología o procedimientos, sino en la capacidad de ver, en cada paciente, a una persona que merece ser acompañada en todo lo que es. Dinámicas como el taller de arte recuerdan que el paciente no es un cuerpo desprovisto de alma, sino una persona repleta de vínculos, gustos y una historia que merece ser contada -y quién mejor para contarla que esa misma persona.

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